El Nadal a Càritas Salou

El Nadal també ha estat intens a Càritas. Durant els dies de la setmana prèvia, com ja és habitual cada any, es van donar a cada família una bossa gran on contenia el lot de Nadal, on hi van poder trobar a més d’aliments de primera necessitat, altres aliments per celebrar també aquestes festes nadalenques. Es van repartir 170 lots.

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El divendres 20 també es va fer les instal·lacions de Càritas del carrer Ciutat de Reus, el tradicional brou de Nadal al qual es van convidar a totes les families, on van assistir un bon nombre d’elles.

També per aquells dies, uns voluntaris es van d’enviats del Reis Maigs d’Orient i van passar per algunes escoles a recollir les cartes que els nens i les nenes havien escrit.

A més els voluntaris de Càritas van apadrinar a una família amiga del Martín que viuen a Albània i que la seva seva casa va resultar destruïda per darrer terratrèmol i que actualment viuen a una tenda. En aquest video veureu el moment en què se’ls hi va fer lliurament del diners, al voltant dels mil euros, i que es mostren molt agraïts.

 

Diumenge IV d’Advent / A / 2019

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Lectura Espiritual

Para su viaje a Inglaterra, Benedicto XVI eligió como lema la frase que el beato Newman hizo gravar en su escudo cardenalicio: Cor ad cor loquitor. El corazón habla al corazón. En la homilía de beatificación, explica el Papa: “El lema del cardenal Newman nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios”. La verdadera oración no es la que se hace solo con los labios, ni con la sola memoria, imaginación, inteligencia o afectos. La verdadera oración es la que surge del corazón, es decir, la que proviene de lo hondo del ser.

No es tarea fácil lograr esa hermosa meta, y menos aún en la era tecnológica que aprisiona en la extroversión. El hombre de hoy se distancia cada vez más del centro de su persona, del sitio donde encontraría el soporte desde el cual estructurar su yo y alcanzar la orientación de su vida. Carece del ancla en que asirse, el punto donde fijar el centro de gravedad de su espíritu y desde el cual salir al mundo para luego retornar, restableciendo las energías gastadas.

Los hombres miran las apariencias; Dios ve el corazón; explicó Yahvé al profeta cuando debía elegir al ungido. Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí, dijo Jesús con dolor, citando a Isaías. Son expresiones que hacen comprender el orar grato a Dios: el de profundis, el que surge de las entrañas, ahí donde habita el mismo Dios. Cuando se ora desde ese abismo, nuestro grito llega a lo más alto de la Majestad divina. Pero para llegar a lo más alto hay que descender a lo más bajo. Hay una correspondencia entre las profundidades del corazón y las alturas del cielo, que no hay que entender en el sentido físico, sino en el de un más allá que se alcanza a través del corazón. Pascal, ante los descubrimientos de Copérnico y Galileo -que mostraban el vacío en los espacios infinitos-, apela al dios oculto.

El psiquismo humano es un abismo de misterio. Al descender por él encontramos estratos, algo así como sótanos por los que vamos descendiendo más y más. Partimos de lo externo -los apetitos sensitivos- hasta el esquivo e incognoscible corazón -aquello que en el lenguaje bíblico llama corazón-, y es ahí donde el hombre interior puede advertir su propia riqueza. En cada nivel del psiquismo nos es dado establecer un nexo con el Creador, reforzar nuestra participación en su Ser y en su comunicar. Podemos orar con los sentidos externos -contemplando un retablo, por ejemplo, u orando en voz alta-. Podemos también orar con el cuerpo, a través de la penitencia, y entonces la materialidad de nuestros sentidos alabará al Creador. Orar también con los apetitos sensitivos, como cuando una música nos estremece de emoción o nos conmueve una estación del Via crucis. O bien, orar con los recursos de la memoria, trayendo al presente una frase del Señor. Y oramos con la potencia imaginativa, metiéndonos en las páginas del Evangelio o perfilando en nuestro interior el rostro de Jesús o la bellísima faz de María. Oramos también con las facultades puramente espirituales, cuando razonamos al orar o cuando nuestra voluntad se determina en algún propósito. Pero la oración que surge del corazón es la que Dios en último término espera, porque lo que Él busca es una identidad de fondo, la identidad con su propio corazón.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

 

Diumenge III d’Advent / A / 2019

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Lectura Espiritual

Medio por el cual nos entregamos a Dios y nos unimos a Él. El Pseuo-Dionisio, escritor griego del siglo VI, plantea la oración como compromiso. Porque la oración no es solo elevatio, ni solo coversatio, ni solo escucha, es también disposición de entrega. Entrega como presupuesto de la unión.

Dos contrarios no pueden caber en un sujeto, repite san Juan de la Cruz, y de lo que ahora se trata es de un acto de abandono -nos entregamos a Dios- y, como consecuencia, nos unimos a Él. Dejo mi yo por el yo de Cristo.

Buscar la unión de voluntades y pensamientos. Quiero lo que quieres, y por eso deseo escuchar tu voz, para darte siempre lo que me pides. Porque hay un modo de destinar la oración al fracaso, y es aquel en que nos empeñamos en mantener nuestra voluntad en oposición a la del Otro. En tal caso, la conversatio se manifestaría de inmediato como algo incómodo, pues en la unión no cabe seccionar: esto sí, aquello no. La entrega reclama todos los campos y es incondicional.

Cuando Margarita María de Alacoque pregunta a su Maestra cómo hacer oración, ésta, que la ha observado bien, se limita a responderle: “Vaya a ponerse delante de nuestro Señor, como un lienzo ante el pintor”.

La enseñanza del Pseudo-Dionisio nos haría decir a Dios: Aquí estoy, extendido como este lienzo, para que pintes lo que quieras. Haz de mí según te plazca porque sé que, entregándome a Ti, podrás unirme contigo. Pintarás en mi alma la imagen de Ti mismo, y tu poder infinito hará el milagro; me unirás a Ti tanto que al final seremos uno.

Al orar buscamos, pues, identificar nuestro querer con el querer divino. En la carta a los Corintios dice san Pablo: ¿Qué consorcio puede haber entre la luz y las tinieblas? La luz divina no se asentará en el alma mientras ésta permanezca voluntariamente cerrada a alguna de las exigencias del amado.

Esto podría producirnos algo de pánico. Pensar que si le abrimos palmariamente la puerta para que tome de nosotros lo que quiera -salud, dinero, seres queridos, aficiones-, Dios nos dejará en un oscuro vacío. Olvidamos que Él sabe mejor que nadie qué podemos darle y qué no, y es muy posible que nos deje gozar apaciblemente los muchos bienes que generosamente nos ha concedido. Pero sí espera una disposición total, porque es regla del amor tal apertura. Una entrega como la suya no se conforma con una entrega parcial de nuestra parte. La esperará también plena, aunque sea muy poco lo que podamos ofrecerle, y ni siquiera sepamos lo que seríamos capaces. Pero es precisa esa actitud, porque si no la diéramos nos colocaríamos al margen de las reglas del amor.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

 

Immaculada Concepció de Maria / A / 2019

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Lectura Espiritual

Hagamos una prueba. Lleguemos a orar en blanco. Arriesguémonos a perder ratos de oración sin llevar nosotros la iniciativa, el control de su desarrollo. Digámosle: “Vengo a tratar de lo que Tú quieras; dime lo que te plazca, mi actitud es la del profeta: habla, Señor, que tu siervo escucha”. Y no pensemos que será alguna vez aislada aquella en la que Dios se digne comunicarse con nosotros, sino que su interpelación será más continua que la que tenía con sus Apóstoles en la convivencia cotidiana.

Entonces nuestra vida se llenará de dicha e inmensa seguridad: tenemos Dueño, tenemos Guía, tenemos Maestro. No llevamos nosotros el timón del barco. Somos conducidos en cada instante por una Voluntad que acertará a meternos por senderos de eternidad. Ya no sabremos vivir de otra manera, porque nuestra indigencia habrá quedado colmada por su infinitud.

La experiencia de Luigi Guissani podría ser también la nuestra. Decía el fundador de Comunión y Liberación: “Recuerdo que en una pequeña imagen del Cristo de Carraci, que tenía delante de mi mesa de estudio, había escrita una frase de Möhler, el gran teólogo alemán del ochocientos: ‘Yo pienso que no podría seguir viviendo si no lo pudiera seguir escuchando’. Los años sucesivos no hice otra cosa que profundizar y dilatar la persuasión de aquella afirmación de Möhler” ojalá nos ocurra lo mismo: no ser capaces de vivir, ni decidir, ni dar un solo paso si no es porque antes lo hemos escuchado a Él.

Sin embargo, es bueno considerar que, en el respeto a nuestra libertad, las respuestas de Dios no se imponen con violencia. Señor de toda cortesía, espera que captemos al vuelo sus insinuaciones, respondiéndolas prontamente. No avasalla, no conduce las almas a empellones. Dios es finura y suavidad, discreción y respeto: “Cree en todo lo que Dios te susurra en tu corazón”, recomendaba la beata australiana Mary McKillop.

Dios, a base de susurros, logra conducirnos a nuestro fin respetando delicadamente nuestra libertad. Por eso la frecuencia de sus comunicaciones y lo leve de su comunicar nos inclinan a no desaprovechar ninguna de sus luces.

Estamos invitados entonces a fijarlas no solo en la memoria -que no será siempre un aliado seguro-, sino también en el papel. Con el transcurrir de los meses y los años comprobaremos la reiterada intervención de Dios en nuestro mundo interior. La oración de escucha, la acogida de esa Presencia y de esa voz, acabarán constituyendo un tesoro al que podremos recurrir una y otra vez para estrechar los lazos que nos unen al Señor.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental