Diumenge XXXI de durant l’any / C / 2019

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Lectura Espiritual

“La muerte es la puerta para entrar a la eternidad”, Padre Antonio Rivero.

La muerte permanecerá siempre un misterio y un sufrimiento. Pero, como cristianos, vivimos en fe y esperanza. Si tuviéramos suficiente fe, soportaríamos la muerte sin miedo y la acogeríamos como un regreso a la casa del Padre. En nuestra fe no hay lugar para dudar de que en la muerte Dios abandonará a sus gentes, que son obra de sus manos, hechas a su imagen y semejanza, por quienes Cristo murió y resucitó de entre los muertos. Dios no nos dejará perecer para siempre. En Cristo tenemos la promesa de Dios de que nosotros resucitaremos también de entre los muertos para la gloria y alegría eternas. Con esta esperanza ponemos hoy espiritualmente nuestros difuntos en las manos del Dios de vida.

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Diumenge XXX de durant l’any / C / 2019

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Lectura Espiritual

Cualquier profundización en la existencia, cualquier presentimiento del misterio ante el amor, la belleza o la muerte va encaminado al amor. No obstante, según Evregio, para que haya verdadera oración, en el sentido cristiano de la palabra, es necesario establecer una relación personal con el Dios vivo, una conversación.

El término debe tomarse en un sentido amplio: puede ser una escucha silenciosa, un grito de angustia o una celebración, y puede ser la respuesta de Job. La disposición que necesitamos sería en el momento de mayor preocupación recordar que Dios existe y que nos ama, que no estamos solos, ni perdidos, ni sin sentido ante la nada o el horror, que existe Otro a quien podemos acceder por medio de Jesús, profundizando en nuestro ser.

La estructura de la oración cristiana es, pues, profundamente personalista -mi yo al encuentro del de Dios-, y comporta siempre un éxtasis, un salir de uno mismo sin el cual el amor no se desarrolla. Aquí puede fracasar, y de hecho fracasa, la oración de muchos cristianos que han perdido el contacto con la persona de Cristo, y no con-versan con Él. Quizá elucubran al orar, quizá razonan aspectos de la lucha ascética o mantienen monólogos que les aclaran las ideas; quizá sus ratos de oración les sirven para organizar la jornada o sacar propósitos… pero, ¿conversación?

Esta manera de orar, la confianza y la seguridad de una Presencia dialogante, permanece aún, por desgracia, oculta para muchos. Es algo que siempre nos queda por descubrir, al menos en toda su experiencia. Lo advierte Jean Lafrance:

La mayoría de los cristianos, sean progresistas o integristas, carecen de alegría. Algunos tienen lo que llaman una fe muy sólida, muy intelectual; otros crecen de eso; pero la mayoría han perdido el contacto con la persona de Cristo. Y un cristiano que no se relaciona con Jesucristo, que no es capaz de hablarle, de escucharlo, no es un cristiano sólido, aunque tenga una fe profunda y tradicional, aunque sea muy generoso.

Un cristiano es alguien que desea verdaderamente encontrar a Jesucristo, que tiene sed de Él; esa es nuestra originalidad frente a cualquier otra creencia. Pensad en un musulmán, pensad en un marxista, pensad en un budista; lo que constituye su doctrina y su fe es que estudia la vida de Mahoma, la vida de Marx, la vida de Buda; pero ninguno dirá al entrar en su casa por la noche: voy a hablar con Mahoma, voy a hablar con Marx, voy a hablar con Buda. Nosotros, en cambio, tenemos la posibilidad de encontrar a Jesucristo… este contacto con Jesucristo es lo que hace un santo, un hombre que busca, que lo busca.

Podéis pasar junto a un santo sin percataros de ello. No se le advierte; está muy oculto. No os dais cuenta de que apenas tiene unos instantes libres, reanuda el contacto con Cristo. Buscar a Jesucristo es un poco como la radio. A menudo hay parásitos; la escucha no es buena; pero con paciencia, con mucha paciencia, se logra captar la palabra del Salvador; y cuando se le ha oído dos o tres veces, no se puede prescindir de ella y se busca incansablemente la palabra de Dios, el cielo”.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

 

 

Diumenge XXIX de durant l’any / C / 2019

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Lectura Espiritual

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir a los Romanos

(Caps. 4, 1-2; 6, 1-8, 3: Funk 1, 217-223)

SOY TRIGO DE DIOS, Y HE DE SER MOLIDO POR LOS DIENTES DE LAS FIERAS

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras; para llegar a ser pan limpio de Cristo.

Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios. De nada me servirían los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra.

Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.

El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón.

Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: “Ven al Padre”.

No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible. No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia.

En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.

 

La festivitat de la Mare de Déu del Pilar en la nostra parròquia.

La nostra parròquia va acollir a la comunitat aragonesa de Salou aquest dissabte passat per fer l’ofrena floral i la missa a la Mare de Déu del Pilar. Centenars de persones van omplir el temple, en el que és un dels actes més emotius de la festivitat.
Molts dels participants anaven vestits per l’ocasió amb els tradicionals mantons, mocadors i els “cachirulos”. A més, una banda va acompanyar l’ofrena amb música tradicional. Mossèn Santi va oficialitzar la missa en honor a la verge.