Prega cada dia amb el Papa amb “Click to Pray”

Click To Pray és la plataforma de pregària oficial per a la Jornada Mundial de la Joventut 2019, que tindrà lloc a Panamà del 22 al 27 de gener de 2019. La plataforma inclou una secció multimèdia especial per a la JMJ que convida a pregar i meditar el rosari per la Pau. El Papa Francesc ens exhorta, especialment als joves, a descarregar l’aplicació Click To Pray.

Click To Pray convida els homes i dones de tot el món a acompanyar el Papa en una missió de compassió pel món. Té un lloc web, aplicacions mòbils en Android i iOS, així com xarxes socials. Tota la plataforma està en sis idiomes (espanyol, anglès, italià, francès, anglès, portuguès i alemany).

Aquesta plataforma d’oració consta de tres seccions principals: “Pregar amb el Papa“, on es troben les intencions mensuals del Sant Pare per als desafiaments de la humanitat i de la missió de l’Església; “Pregueu cada dia”, que ajuda a viure una oració regular, tres vegades al dia; “Establiment d’una xarxa” un espai dissenyat perquè els usuaris (inclòs el Papa Francesc) comparteixin les seves oracions i pregueu els uns pels altres.

Per connectar-se al perfil personal del Papa, simplement feu clic al botó “Papa Francesc” a la secció “Xarxa d’oració”.

Diumenge II de durant l’any / C / 2019

 

Paraula de Déu

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Lectura espiritual

Una de las gracias más grandes que el hombre puede conseguir en este mundo es descubrir que, en el Nombre de Jesús, puede unificar toda su existencia, orar en cualquier circunstancia y vivir contento siempre. Esta experiencia de plenitud gozosa en Jesús es vivida a partir de la vida misma. Y el nombre de Jesús, portador de su presencia, es el instrumento mayor de esta unificación.

Para entender bien como esta actitud de oración continua es posible y realizable a partir de las mismas dificultades y de los gozos de la existencia, hay que meditar largamente los últimos consejos de Pablo a los Filipenses: “¡Alegraos siempre en el Señor; lo repito: alegraos!… el Señor está cerca. No os inquietéis por nada, sino manifestad a Dios en toda ocasión vuestras necesidades por medio de la oración y de la súplica, con acción de gracias. Y la paz de Dios que traspasa todo lo que podemos entender, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fl 4: 4-9).

El pensamiento de Pablo es claro: el Señor está cerca, está presente y viviente en nuestros corazones por el poder de su nombre. Cada vez que se presenta una necesidad, que surge una tentación o que una alegría nos ilumina el corazón, hay que volver a la oración y a la súplica para presentar nuestras peticiones a Dios. Y esta súplica ha de estar empapada de alabanza, de bendición, de acción de gracias; en una palabra, nuestra vida se ha de transformar en Eucaristía. Miremos desde más cerca esta actitud existencial que encontramos en los salmos.

A medida que el hombre avanza, más toma conciencia de sus limitaciones y se rodeado de las olas de la muerte; hay días que hace experiencia del sufrimiento y de la tentación: “Me rodea con sus brazos el Reino de la muerte, frente a mí tenía sus trampas” (Ps 18: 6).

Entonces necesita aprender a convertirse en el hijo que encuentra natural tener que recorrer constantemente a su padre con la audacia tranquila de la confianza total. Y esto ha de ser vivido, no de una manera intelectual, sino en lo más cotidiano de la vida ordinaria.

Como el salmista ha de adquirir un reflejo de recurso a Dios y aprender a gritar a su padre desde los abismos de su miseria: “Al verme en peligro, clamo al Señor, grito socorro a mi Dios, y desde su palacio escucha mi clamor, mi grito le llega al corazón” (Ps 18: 7).

No se trata de dar a Dios un nombre común ni en tercera persona del singular, sino que hemos de establecer un trato de primera a segunda persona: “Yo clamo a ti”. Pensad, por ejemplo, en Job, tomad todas las situaciones de la Escritura, en la vida de los santos y de los pecadores, marcadas por tensiones y conflictos: donde hay tensión trágica, conflicto, hay también siempre una experiencia personal de oración.

Entonces se puede dar a Dios un nombre propio: “Oh Tú, mi gozo”, “¡Oh Tú, mi dolor, plantado en el tuétano de mi vida como un tormento, como una pregunta, como una piedra de escándalo!” Cuando somos capaces de hablar a Dios con pasión, establecemos con él una relación de oración.

Jean Lafrange: La oración del corazón

L’Església catòlica a Catalunya

Les 10 diòcesis amb seu a Catalunya han presentat el fulletó L’Església catòlica, que vol mostrar de forma gràfica i sintètica el treball realitzat per l’Església a Catalunya durant un any.

L’any 2007 l’Església es va comprometre a presentar cada any una memòria justificativa de les quantitats rebudes de l’Estat, així com el destí de les mateixes. Aquesta informació s´ha anat proporcionant en els darrers anys a nivell de tot Espanya. La prestigiosa auditora internacional PwC, a requeriment de la Conferència Episcopal Espanyola (CEE), ha realitzat en els darrers cinc anys un informe d’Assegurament raonable sobre aquesta memòria amb la conclusió que la memòria ha estat confeccionada de forma adequada i fiable en tots els seus aspectes significatius, d’acord amb el manual d’elaboració de la Memòria Anual d’Activitats de la CEE. A partir d’aquestes dades, les 10 diòcesis amb seu a Catalunya, fruit de la seva voluntat de transparència amb la societat, han volgut confeccionar i donar a conèixer la Memòria Anual d’activitats de totes les diòcesis catalanes.

Llegir l’article complet al web de la Conferència Episcopal Tarraconense.

Descarregar el full informatiu.

Baptisme del Senyor / C / 2019

 

Paraula de Déu

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Lectura espiritual

El apóstol san Pablo coloca la oración por encima de todo: “recomiendo primero de todo que se hagan oraciones”. Al cristiano se le piden muchas buenas obras, pero la obra de la oración queda por encima de las demás, ya que sin ella, nada bueno puede cumplirse.

Sin la oración frecuente no se puede encontrar el camino que lleva al Señor, no se puede conocer la verdad, no se puede crucificar la carne con sus pasiones y sus deseos, el corazón no puede sentirse iluminado por la luz de Cristo y unirse a él en la salvación.

Y digo frecuente, porque la perfección y la corrección de nuestra oración no depende de nosotros, como también dice el apóstol san Pablo: “No sabemos qué hemos de pedir”. Solo la continuidad nos ha sido dejada como medio para conseguir la pureza de la oración, que es la madre de todo bien espiritual.

Una cosa que a menudo no se dice en los libros referentes a la oración de Jesús y que enseñan sobre todo los que la practican, es la experiencia del silencio.

Recuerdo que un día me encontré con una viejecita que rezaba el rosario desde hacía muchos años y que me hizo esta pregunta: “¿Las “Avemarías” las he de recitar con los labios? Porque me parece que, desde que me despierto por la mañana, ya siento que mi corazón reza el Ave María”.

Cuándo uno descubre así el corazón de la oración no se pueden dar consejos precisos, mira de hacer lo que puede, y comprende lo ridículos que son nuestros propios deseos y esfuerzos, y se deja llevar por la ola de la oración… y que pase lo que pase. Entonces es muy necesario el espíritu de infancia espiritual para soportar aquella inundación ya que es precisamente este espíritu el único que se deja llevar fácilmente por aquella cosa que le sobrepasa y de la cual se alegra, aunque no entienda nada.

Por eso hay que introducir el silencio en la invocación. Invocad el nombre de Jesús, y paraos un instante para que el silencio os penetre e interiorice vuestra oración.

La relación del silencio y de la palabra es la relación del Espíritu y Cristo. “Os conviene que me vaya”… “para que os envíe otra presencia espiritual que os hará interiores a mí”. El silencio es el interior de la verdadera Palabra y del Logos, es el Espíritu que desciende sobre Cristo para revelárnoslo, es la relación entre la Paloma y el Cordero.

Hay una palabra racional y lógica, es la palabra sin silencio. Hay la Palabra del Logos; ahora bien, el Logos está unido al Espíritu Santo y a que la unción del Espíritu reposa sobre Cristo.

El Espíritu es el silencio de Cristo que es en cierta manera un silencio de amor y de comunión. El Padre y el Hijo se unen en un silencio mutuo que es el abrazo del Espíritu: “Tú eres mi Hijo, el amado, en quien me complazco”.

La clave de la liturgia es la de hacernos entender el silencio, ahora parándose, ahora envolviendo con música el silencio. Igualmente la oración personal ha de voltear entorno de estos momentos de silencio: “El silencio es el lenguaje del mundo que ha de venir”. Entonces el hombre experimenta una cierta plenitud por el hecho de que la oración se infiltra en toda su vida para purificarla.

Caminar, respirar, trabajar, mirar las cosas más humildes -no digamos el rostro de nuestro hermano-, da un sentimiento de plenitud, una capacidad de estar presente en cada instante que pasa. Es la experiencia de la Resurrección en el tiempo.

Jean Lafrange: La oración del corazón

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