El vídeo del Papa, maig de 2022. Por la fe del joves.

Aquest mes de maig, el Papa comença un cicle de tres intencions de pregària dedicades a la família. I vol fer-ho adreçant-se primer als joves, els “que volen construir alguna cosa nova”. Els posa un exemple a seguir: “Quan penso en un model en què vostès, els joves, es puguin sentir identificats, sempre em ve al cap la nostra Mare, Maria”. Francesc demana als joves que s’arrisquin tenint en compte que “necessiten discernir i descobrir allò que Jesús vol” d’ells.

En aquest discerniment, Francesc els diu que “és de gran ajuda escoltar les paraules dels avis”. I els proposa tres companys de viatge en el trajecte de la seva vida: la valentia, el saber escoltar i la dedicació al servei.

“En parlar de família vull començar dirigint-me primer als joves. Quan penso en un model en què vostès, els joves, es puguin sentir identificats, sempre em ve al cap la nostra Mare, Maria. La valentia, el saber escoltar i la dedicació al servei. Ella va ser valenta i decidida en dir “sí” al Senyor. Vostès, els joves que volen construir alguna cosa nova, un món millor, segueixin el seu exemple, arrisquin-se’n.

No oblidin que per seguir Maria necessiten discernir i descobrir el que Jesús vol de vosaltres, no el que a vosaltres se’ls acudeix que poden fer.

I en aquest discerniment és de gran ajuda escoltar les paraules dels avis.

En aquestes paraules dels avis trobaran una saviesa que els portarà més enllà de les qüestions del moment.

Li donaran panoràmica a les inquietuds de vosaltres. Preguem germanes i germans perquè els joves, cridats a una vida plena, descobreixin en Maria l’estil de l’escolta, la profunditat del discerniment, la valentia de la fe i la dedicació al servei”.

 

Si vols veure més vídeos sobres les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

 

DIUMENGE III de Pasqua / C / 2022

La Paraula de Déu

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Llegir el Full Dominical

 

 

Una mirada artística a l’Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l’Amadeu Bonet, artista.

 

Lectura Espiritual

NO RESISTIR AL MAL

Descubrir en la propia herida la herida del mundo.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser arrojado entero al horno. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtala y tírala. Más te vale perder un miembro que acabar entero en el horno. […] Habéis oído que se dijo: ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No os resistáis al mal. Antes bien, si uno te abofetea en la mejilla derecha, ofrécele la izquierda. Al que quiere ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también el manto. […] Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: AMAD A VUESTROS ENEMIGOS, REZAD POR LOS QUE OS PERSIGUEN. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. (Mt 5,29-30; 38-45)

El problema nunca está en el ojo o en la mano, sino en la mente. Es la mente del ser humano la que está enferma. Es de la conciencia y del despertar de lo que aquí se está hablando. Tendríamos que arrancarnos la cabeza si quisiéramos evitar cualquier mal pensamiento y sus inevitables consecuencias: si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo (Mt 5,29).

De igual manera, si tu perspectiva te engaña, arráncala. Y si tu pensamiento te descentra, sácatelo, pues si no lo haces se convertirá en una preocupación. Y la preocupación es el principal enemigo de Dios, pues te saca del presente, de la Presencia, y te introduce, sibilinamente, en un futuro ilusorio que genera temor.

Al igual que solemos buscar culpables externos a nuestros conflictos familiares, económicos o de convivencia social -trasladando nuestra responsabilidad a los demás-, proyectamos nuestro malestar en las diferentes partes de nuestro cuerpo (el ojo, la mano, el hígado, el riñón…). También cargamos de negatividad algunas de nuestras emociones (el miedo, la ira, la pereza, la lujuria…), demonizándolas y presentándoles una batalla sin cuartel. La mente se ceba en el cuerpo, avisa por su medio, se venga torturándolo.

El verdadero problema es que carecemos de una visión holística o integradora. Atrapados por la parte, nos perdemos el todo. Por eso hablamos de ojo, mano, lumbares, esófago… Pero quien esto separa, no tardará mucho en dividir a la gente en buena y mala, justa o injusta, santa o pecadora. Tendemos a separarlo todo, porque eso es lo propio de la mente discriminativa, que enjuicia según el ego, es decir, en razón de la ventaja o del inconveniente que le reporta.

Sin embargo hay un modo de conocer que no es por el juicio. La dificultad radica en que hacer uso de él supone contactar con nuestro fondo original y permanecer en él. La única forma de no enjuiciar es nunca ser parte, sino ser todo con lo que se nos está ofreciendo. Quien enjuicia, se sitúa necesariamente fuera. Iluminarse es saberse dentro.

Pablo d’Ors, Biografía de la luz

DIUMENGE II de Pasqua / C / 2022

La Paraula de Déu

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Una mirada artística a l’Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l’Amadeu Bonet, artista.

 

Lectura Espiritual

PONERSE EN EL ÚLTIMO LUGAR
El movimiento espiritual por excelencia es bajar.

Una cosa es no buscar siempre los primeros puestos -nos decimos-, y otra muy distinta -nos decimos también- buscar por sistema lo más bajo. Ese regusto por lo despreciable nos genera perplejidad y rechazo. Podemos estar de acuerdo en lo importante que es bajar, puesto que es abajo donde están los necesitados. Pero, ¿por qué más abajo que nadie? Si Cristo, al lavar los pies de los suyos, escogió la figura de esclavo, ¿no será allí, en la esclavitud, donde mejor se le puede encontrar? ¡No, no, no!, protestamos. Queremos que se nos respete nuestra dignidad de servidores. Soy tu servidor, podemos llegar a decir, pero no, ciertamente, tu esclavo.

El único modo para acabar con los verdugos es aceptar ser las víctimas, ésta es la propuesta cristiana: terrible, malentendida, tergiversada… No se trata de buscar el último puesto para humillarse, sino de ir a él para redimirlo. No es cuestión de humillación sino de amor compasivo. Gandhi propuso lo mismo cuando planteó la no-violencia. Luchar por la justicia comporta estar dispuesto a sufrir las injusticias: solo sufriéndolas es posible cambiarlas de signo. La no violencia no consiste en no hacer nada (¡menuda estupidez!), sino en permitir que se haga (a costa de nuestro sufrimiento, no del ajeno). Porque si nosotros no sufrimos el mal ajeno, ¿quién lo va a sufrir? ¿Quién no tiene las claves para redimirlo? Sólo desde ese último lugar cabe poner la otra mejilla.

En la parábola del juicio final (tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…: Mt 25,35-45), lo que Jesús asegura es que él mismo es el mendigo, el enfermo, el encarcelado, el perseguido… (a mí me lo hicisteis). Nos invita a no hacer acepción de personas y, más aún, a reparar cómo en aquellos donde menos nos parecía que podría habitar Dios, allí está Él de modo privilegiado. De aquí se desprenden dos posibles lecturas. Una -necesaria, aunque más convencional-: sólo si en los últimos vemos a Dios, podremos estar seguros de poder verlo en todos los demás. Porque ver a Dios en los grandes benefactores de la humanidad, en los maestros iluminados o en los promotores de la justicia y de la solidaridad, no es difícil. Lo sobrenatural es comprender que está en el miserable, en el moribundo, en la prostituta, en el delincuente… Y dos, más escandalosa e imprescindible: no se premia a los justos por ver a Dios en el sediento o en el hambriento, sino por ver en el hambriento precisamente a un hambriento y en el sediento a un sediento y, en fin, por actuar con ellos por esta razón de forma humana y humanitaria. De hecho, quienes son elogiados por Jesús en este texto… ¡no son en absoluto conscientes de haberle reconocido en el desnudo, en el perseguido o en el enfermo!

Jesús está muriendo continuamente a lo largo de todo el evangelio, desde que nace. Él es consciente de eso: sabe que es la hora de la verdad, la hora que testifica la verdad para la que ha vivido.

Morir es el acto supremo de la vida, puesto que es el momento en que uno puede entregarse del todo. Al entregar la vida se demuestra el desapego total y, en consecuencia, la total libertad y, por ello, la verdadera humanidad, que acaba con todos los momentos y que los condensa: el último suspiro y la primera inspiración.

Este discurso sobre la muerte es muy pertinente en el contexto de la lógica del poder. Porque los poderosos suben, es decir, pretenden vivir lejos de la tierra, bajo la cual acaban todos los muertos. Así que tanto más poder tenemos, tanto más ignorantes de la muerte vivimos. Que no sea así entre vosotros, advierte Jesús (Mt 20,26). Que tu poder se traduzca en asunción de las necesidades del otro. Que seas el rey de la escucha. Para ello no te pongas en el centro, descubre que el centro no eres tú, alégrate de no ser el centro, descubre la maravilla de no ser el centro de todo, descansa por fin sin ser el centro… ¿No es maravilloso que los otros ocupen por fin su lugar y que tú estés por fin, tras décadas de andar perdido, sencillamente en tu sitio?

Pablo d’Ors, Biografía de la luz

Bona Pasqua