Diumenge XXIII durant l’any / A / 2020

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Con el Sagrado Corazón el latido infinito del Amor divino se hace a nuestra medida para que pueda ser escuchado por nuestros oídos. El Amor divino que desciende y el amor humano que se exalta hasta las alturas de los cielos llenan el Corazón de Jesús. Ahí se realiza el ideal y el concepto del amor que el hombre siempre ha deseado, y que remotamente intuye en los amores humanos, aun en la suma de ellos. Fuera de ese Corazón todo amor es imperfecto, y apenas merece ese nombre. Está  ̶ el amor humano ̶  marcado por múltiples deficiencias: temporal, efímero, vacilante, egoísta, limitado, inseguro… Y el riesgo es que traslademos los parámetros del amor humano al Amor del Corazón de Jesús.

 No; ahí el amor cumple toda su plenitud, es lo que debe ser, es la superación de todo sueño. Amor abnegadísimo, que se transforma en dolor por la fuerza de su entrega. Amor misericordioso que perdona y olvida radicalmente. Amor que desciende hasta las profundidades, hasta los abismos, para levantar al que yace en el polvo, al que se ha hundido en el cieno, colocándolo en las alturas. Amor apasionado y ardiente como no se ha visto, como no se ve y como no se verá ni siquiera en los más encendidos serafines. Es otra vez, santa Ángela de Foligno la que confiesa que, habiéndose asomado al abismo del amor de Dios, cuando oía hablar a los predicadores de ese Amor, le parecía que blasfemaban.  Y tenía razón, porque ¿qué puede decir nuestro torpe lenguaje del Corazón de Jesús?

Orar en este ámbito es aprender a incursionar en la atmósfera verdadera del amor. Es recomponer nuestras apreciaciones limitadas y mezquinas para dejar que se abrasen en un fuego purificador y transformante. Es perderse en las llamas que limpian toda impureza y revelan las alturas insospechadas a donde desea Dios llevarnos.

«Si el hombre consigue injertar su corazón en el corazón de Dios, recibiendo las fuerzas divinas, caminará hacia el silencio. ¿Cómo consiguió san Juan pegar su corazón al de Jesús? Se limitó a inclinarse hacia Él y recostarse a su lado… este acercamiento físico es mucho más que corporal: se trata de una inserción espiritual y de una comunión íntima que permiten a san Juan experimentar los mismos sentimientos de Jesús… el silencio del corazón consiste en acallar poco a poco nuestros miserables sentimientos humanos para hacernos capaces de tener los mismos sentimientos de Jesús. El silencio del corazón es el silencio de las pasiones. Hay que morir uno mismo para unirse en silencio al Hijo de Dios» (Robert Sarah).

Como ese ámbito no es otra cosa que amor, no es posible acceder a él sino en la entrega por amor. Es la clave para entrar: un nuevo grado de amor supondrá un nuevo progreso dentro del Corazón de Jesús. Suponiendo que pudiéramos entrar en ese Corazón sin amor, no daríamos un solo paso. Pero si buscamos la unión de corazones, la identidad de quereres, se realizará en nosotros la aspiración de san Pablo: tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que Cristo en el suyo (Fl 2,5).

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

El vídeo del Papa, setembre de 2020. Respecte dels recursos del planeta

“Hem de convèncer-nos que desaccelerar un determinat ritme de producció i de consum pot donar lloc a una altra manera de progrés i desenvolupament”. El Papa Francesc ens transmet l’impossible que és mantenir l’actual nivell de consum dels països més desenvolupats a costa d’explotar els recursos naturals de la resta del planeta. Hem d’abandonar l’hàbit de descartar i acabar amb els desequilibris comercials que tantes males conseqüències tenen en l’ecologia.

“Estem esprement els béns del planeta. Exprimint-los, com si fos una taronja.

Països i empreses de el Nord, s’han enriquit explotant dons naturals de Sud, generant una “deute ecològic”. Qui pagarà aquest deute ?.

A més, la “deute ecològic” s’engrandeix quan multinacionals fan fora dels seus països el que no se’ls permet fer en els seus. És indignant.

Avui, no demà, avui, hem de tenir cura de la creació amb responsabilitat.

Resem perquè els béns del planeta no siguin saquejats, sinó que es comparteixin de manera justa i respectuosa. No al saqueig, sí al compartir “.El Vídeo de Papa difon cada mes els intencions de Pregària de Sant Pare pèls desafiaments de la Humanitat i de la Missió de l’Església.

Si vols veure més vídeos sobres les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

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¡Oh, qué bueno y qué jubiloso es habitar en este Corazón! Admíteme en ese santuario donde escuchas mis oraciones: más aún, atrae todo mi ser a tu corazón. Para esto fue abierto tu costado, para que estuviera patente su entrada; para eso fue herido tu Corazón, para que, libres de todas las turbaciones exteriores, podamos habitar en él. Para eso fue herido, para que la herida visible nos mostrara la herida invisible del amor. (San Buenaventura).

Narra santa Ángela de Foligno que en cierta ocasión escuchó de labios de Jesús la siguiente pregunta: mírame, ¿hay algo en mí que no sea amor? Nosotros podríamos referir esas palabras al tema que nos ocupa y decir: Mira eses Corazón. ¿Entras al orar en ese ámbito de Amor?

San Efrén el Sirio compara el Corazón humano con un pequeño jarrón. Si el jarrón está lleno, no podemos añadirle nada; si está vacío, se puede llenar de cualquier cosa. Ahora bien, ¿de qué está lleno el Corazón de Jesús? ¿Cuál es el contenido de la vida afectiva de nuestro Señor?

La Iglesia, en las letanías del Sagrado Corazón, va desgranando algunas expresiones reveladoras del contenido de ese Corazón: fuente de la justicia y del amor – Paciente y de mucha misericordia – Ahí donde se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia – Lleno de bondad y de amor – Obediente hasta la muerte – Abismo de todas las virtudes. Y bastaría intentar descifrar los signos con que se apareció a la privilegiada vidente, santa Margarita María de Alacoque: las llamas, las espinas, la apertura de la lanza…

Sí, hay muchos elementos, divinos y humanos, en el Sagrado Corazón, pero todos remiten a un punto esencial: la manifestación de la Esencia divina, el Amor. Cada vez que oremos en este ámbito no debemos olvidar la realidad que lo colma. Fijemos en él nuestra atención y escuchemos de nuevo: Mírame, ¿hay algo en mí que no sea amor?

El Amor de Dios en el Corazón de Jesús es el amor que desciende de las alturas de la Divinidad y viene a establecer su morada en nuestra realidad deficiente, mezquina, frágil, traicionera. El amor divino se manifiesta entonces por medio de una facultad humana, de un signo humano, pero sin perder su grandeza y su inmensidad. Resulta entonces que el Amor divino  ̶ quizá a veces entendido como un concepto abstracto ̶ , adquiere en el Corazón humano del Redentor un encanto especial de cercanía, de dulzura. No porque lo sea más en realidad, sino porque el signo se adapta admirablemente a nosotros.

El beato Charles de Foucauld, que tanto sufrió en su vida, asegura que «la religión católica nos ilumina haciendo brillar ante nuestros ojos la más luminosa, la más cálida, la más benefactora de todas las verdades: la verdad del Corazón de Jesús… No estamos olvidados, solos, sobre el camino que sigue Jesús: antes de que fuésemos, un Corazón nos amó con Amor eterno, y todo el curso de nuestra vida ese Corazón nos abraza con el más cálido de los amores. Ese corazón es puro como la luz: todas las bellezas y las perfecciones increadas resplandecen en Él; Dios nos ama, nos amó ayer, nos ama hoy y nos amará mañana. Dios nos ama en cada instante de nuestra vida terrena, y nos amará durante la eternidad si no rechazamos su amor. Esta es la verdad del Corazón de Jesús, revelada para iluminar y abrazar los corazones de los hombres».

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

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Quizá sea lícito afirmar que, después de los Evangelios, el libro más a propósito para orar es el salterio. Y es que el deseo de Dios al dejarnos estos cantos fue, precisamente, que aprendiéramos a orar con Él. Lo asegura el Magisterio eclesiástico: «El Salterio es el libro en el que la Palabra de Dios se convierte en oración del hombre». Algo así como si Dios, sabedor de nuestra indigencia, nos hubiera dicho: siendo como eres pequeño e ignorante, te diré que palabras debes decirme, a fin de que tu oración discurra rectamente.

Para orar con los salmos podemos emplear idéntico sistema que para cualquier pasaje de la Escritura. Sin embargo hemos de saber ubicarlos en su concepto cristológico: Jesús es la gran clave de lectura de los salmos. En los salmos se habla de Cristo. El mismo Señor, luego de haber resucitado, se aplicó a sí los salmos cuando dijo a los discípulos: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos acerca de mí. Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso es Cristo mismo quien habla. Al decir esto no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y miembros.

San Romualdo, fundador de la Camáldula, en el alba del segundo milenio, llegó a sostener que los salmos son el único camino para hacer una oración realmente profunda. Con esta afirmación, a primera vista exagerada, en realidad se remontaba a la mejor tradición de los primeros siglos cristianos, cuando el Salterio se había convertido en el libro por excelencia de la oración eclesial. Esta fue la opción decisiva frente a las tendencias heréticas que continuamente se cernían sobre la unidad de la fe y la comunión. Los antiguos monjes estaban tan seguros de esta verdad que no se preocupaban por cantar los salmos en su lengua materna, pues les bastaba la convicción de que eran, de algún modo, órganos del Espíritu Santo, convencidos que por su fe los versículos del salmo les proporcionaban una energía particular del Espíritu Santo.

También ahora nosotros, al orar con los salmos, nos sabremos portadores, voceros de nuestros hermanos los hombres, incluidos aquellos que no rezan o que están en una situación de grave pecado. Al rezarlos, prestamos nuestra voz a toda la creación, alabamos a Dios y solicitamos su gracia y su misericordia, no tan solo para nosotros sino para toda la humanidad. Muchos de los textos que Dios ha puesto en nuestros labios pueden referirse a una persona determinada sometida a alguna prueba especialmente dura. Otros textos encontrarán su aplicación plena en el caso de pecadores que, habiendo perdido la gracia santificante, no pueden volverse a Dios a menos que Él les dé su auxilio. Muchos salmos, especialmente los penitenciales, los rezaremos, sí, esperando para nuestro propio remedio esas gracias de misericordia, pero también para aquellos que no elevan su voz para pedirla.

Por último, diremos que la oración con los salmos se manifiesta imprescindible cuando Dios se nos oculta y nos hace transitar por prolongados desiertos. Esconde también ante nuestra vista el fruto de la plegaria, y aun así hemos de continuar avanzando por la fe. Es cierto que muchas veces hallaremos respuestas en la vida de oración, pero antes o después llegará la hora en que parezca que nuestras oraciones han perdido todo sentido. Con los salmos estamos seguros que la música es grata a los oídos divinos, aunque a nosotros nos parezca carente de gracia y viveza.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental