“La mujer del siglo XXI”, campaña Manos Unides 2019

“Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas”

La mujer del siglo XXI ni independiente, ni segura ni con voz

Los proyectos de cooperación al desarrollo financiados por Manos Unidas Tarragona tienen el objetivo de contribuir a mejorar la calidad de vida de miles de personas de África, América Latina y Asia; personas que viven en condiciones de pobreza extrema y en riesgo de exclusión. Manos Unidas Tarragona apoya proyectos en nuestras 5 áreas de intervención: proyectos de educación, salud, sociales, agrícolas y de promoción de la mujer. Aquí tienes un listado de ejemplos de proyectos de desarrollo financiados por la delegación y las comarcales de Manos Unidas Tarragona.

Los proyectos para este año 2019 son:

A La Paz (Hondures), les famílies camperoles pateixen una alta inseguretat alimentària


L’escola de formació professional de Kara (Togo) ha d’ampliar-se per acollir-hi tots els alumnes


Els habitants de Narayanpur (India) necessiten obtenir l’accés a l’aigua potable

Jornada Mundial del enfermo 2019

«Gratis habéis recibido, dad gratis», es el lema de la Jornada Mundial del Enfermo 2019. El departamento de Pastoral de la Salud, dentro de la Comisión Episcopal de Pastoral, ha preparado esta campaña que en España tiene dos momentos. El 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, es el Día del enfermo, de carácter mundial. La Iglesia en España celebra el 26 de mayo la Pascua del enfermo.

Con esta Campaña se pretende reconocer el valor de la gratuidad en la entrega al cuidado de los enfermos, como reconocimiento del recibido. Es necesario hacer una reflexión en la importancia del voluntariado y la necesidad de animara más personas en esta dirección.

“Gratis habéis recibido, dad gratis”
Día del enfermo (de carácter mundial): 11 de febrero de 2019
Pascua del enfermo (en España): 26 de mayo de 2019

Leer el mensaje del Papa Francisco para esta jornada.

Domingo IV del tiempo ordinario / C / 2019

Palabra de Dios

Leer la Hoja Dominical

 

 

 

Lectura espiritual

Hay que adquirir un reflejo de recurrir a Dios, y hacerlo constantemente. Se trata de la fuerza de la petición, de la cualidad del amor de la súplica. Entonces ponemos en juego estas tres dimensiones del cristiano: la fe, la esperanza y la caridad. Hay que ejercitar poco a poco nuestra triple relación con Dios recurriendo a Él.

Al principio son débiles, después se hacen cada vez más fuertes como pasa con todo lo que es vivido y ejercitado. Esto supones unas peticiones fuertes, unos requerimientos a Dios que sean obstinados, que sean asaltos de amor. No nos debemos inquietar por la debilidad de nuestros primeros requerimientos, y le hemos de decir a Dios: “Creo, Señor, que en estos momentos puedes darme fuerza para esto, porque me amas”.

Pero siempre permanecemos pequeños. No obstante nos encaminamos a vivir la relación más extraordinaria con Dios y también la más auténtica: pedirle lo imposible, es decir, la posibilidad de avanzar por donde el camino está humanamente bloqueado.

De aquí viene esta aparente paradoja: ve a Dios con las manos vacías; todo dependerá de la fuerza de tu súplica. “Todo aquello que pediréis al Padre… creed que ya lo habéis obtenido por la fe”. He aquí el camino de la santidad: “La santidad no se encuentra en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace conscientes de nuestra flaqueza y confiados hasta la audacia en la bondad del Padre (santa Teresa de Lisieux). Es una simple disposición del corazón a recibirlo todo de Dios sin que nunca poseamos ni virtud ni fuerza.

Bien simple y nada simple. La doble dificultad está en vernos muy débiles hasta el término de nuestra vida. Y segundo, a tener una confianza audaz en Dios. Y no son los razonamientos que nos darán estas dos cosas. Hay que probarlo: “¡Hay que hacerlo!”. No os quejéis de no conseguirlo si solo os contentáis de escuchar estas palabras, pero no hacéis nada; si así fuera no tenéis ningún derecho a lamentaros.

¿Cómo se puede vivir en la práctica esta actitud? Mediante el filtro de los pensamientos a través del recuerdo asiduo del Señor Jesús. Santa Teresa de Lisieux hablará del movimiento de abandono. Se trata siempre de la misma actitud.

Hay en nosotros una multitud de deseos, de impresiones interiores y de acontecimientos exteriores que nos hunden en un remolino. No obstante somos bautizados, el Espíritu Santo habita en nosotros y Cristo vive en nuestros corazones por la fe.

Entonces volvamos a abrir el recuerdo siempre fresco de la fuente donde nacimos y volvamos a sumergir nuestros deseos y nuestras impresiones para que todo nuestro ser se impregne de la vida del Espíritu. Despleguemos el recuerdo vivo del Señor Jesús en el interior mismo de estos pensamientos para que él los purifique.

Jean Lafrange: La oración del corazón

Domingo III del tiempo ordinario / C / 2019

Palabra de Dios

Leer la Hoja Dominical

 

 

Día de la Infancia Misionera

 

Lectura espiritual

Nuestra búsqueda de Dios se hace a través del dolor, de la angustia, de la esperanza y de toda la gama de nuestras alegrías y de nuestras penas.

No busquemos evadirnos de la tarea, ni huir de nuestras tensiones interiores. Evitemos lamentarnos y soñar otra cosa que no sea lo que nos toca vivir. Permanezcamos sumergidos en la cotidianeidad tal como es, porque es allí donde nos hacemos santos.

No es una manera de hacer más fácil la vida, (no es un manual de autoayuda), sino de ayudarnos a vivir noblemente las dificultades con unos medios más sencillos. Pero, ¿dónde se encuentra este secreto?

Mantén siempre dos polos. Dios Amor y las manos vacías del hombre. Cuanto más avanza el hombre, más se da cuenta que se encuentra lejos de Dios, el Inigualable. Está separado del amor de Dios por un abismo. Hay que levantar un puente sobre este abismo.

Sobre las dos riberas están puestos unos cimientos sólidos, se elevan dos pilastras. En nuestra ribera hay la humildad con la que el hombre finito y pobre acepta humildemente su imperfección y su impotencia. En la ribera del Dios infinito hay la misericordia en la que el hombre cree. Como en la humildad, también la fe en el amor misericordioso de Dios es una condición esencial de la esperanza.

Sobre estas pilastras se levanta el puente de la confianza amorosa y el hombre puede llegar hasta Dios. O más bien dicho, es Dios mismo quien se acacha sobre este puente, coge al hombre y lo lleva a la otra ribera. Es el puente de la esperanza o, todavía más, la dinámica de la confianza.

Se trata de no contar más consigo mismo, sino solo con Dios y con su amor. “Es la confianza, decía Teresa, y solo la confianza que nos ha de llevar al Amor”.

Esto resume todo su manuscrito, y es terrible. Ya que nosotros miramos de ir a Dios por la confianza, pero también por alguna cosa más, buscando algunos pequeños puntales, algunas señales, algunas garantías (nuestros esfuerzos, nuestras virtudes, el medio que nos rodea).

Y es propio de la confianza no buscar nada más, no ni apoyarse en nada que no sea el Amor y la Misericordia. Si se busca a Dios con la confianza y también con otra cosa, ya se deja de tener confianza y, de esta manera, se pierde todo. Ya veis que es una cosa grave, y tan grave, que hay que tener el coraje de mirar las cosas de frente hasta el final. Por tanto, hemos de apoyarnos solo en Dios, nuestra roca, nuestro puntal supremo.

De aquí viene la oración. Cuando se presenta un peligro o que las cosas se hacen difíciles, se recurre a Dios. Los santos aprendieron a orar por causa de la agitación y el desorden que representan un peligro real.

Si pudiéramos entender que en nuestra vida todo puede volverse ocasión de oración, sabríamos utilizar el tumulto y la tentación como trampolín hacia Dios. Todos los maestros espirituales lo afirman: con Dios nada es imposible. El hombre confía en él (Mc 9: 23).

“Hay una oración que nace de la desesperación y de la esperanza” (san Juan M. Vianney). Dios responde siempre a esta oración: “Quiero convertirme, quiero ser amable, puro; cada vez me descorazono más porque ya veo que no llegaré nunca; ¡ya empiezo a conocerme!”

No, la dificultad no está aquí. Lo que se necesita es conocer el amor eficaz de Dios. Y este amor no se experimenta en los libros, sino recurriendo a él. Entonces lo que es demasiado difícil e imposible se convierte en realizable porque recurrimos a Dios.

Jean Lafrange: La oración del corazón

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