XIV Domingo tiempo ordinario / A / 2020

Leer la Palabra de Dios

Leer la Hoja Dominical

 

 

Lectura Espiritual

Pueden representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sacratísima humanidad…, y a quien trabajare a traer consigo esta preciosa compañía y se aprovechare mucho de ella, y de veras cobrare amor a este Señor a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado. (Santa Teresa de Ávila).

La santa humanidad de Jesús es el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre. (CEC, n. 2664)

El hombre no puede conocer si no es a través de los sentidos. Nada hay en su mente que no haya pasado antes por la vista, el oído, el tacto, el gusto… y la representación de la imaginación  ̶ es decir, la formación de imágenes ̶  presenta a la mente.

Lo anterior es también válido cuando se trata del conocimiento de las cosas puramente espirituales, incluido el conocimiento de Dios. La Iglesia, en la liturgia de Navidad, tomando prestado un texto a Tomás de Aquino, remarca la importancia de la materialidad de Aquel que, siendo Espíritu Puro, se ha hecho sensible, audible… para que conociendo a Dios visiblemente, seamos arrebatados por Él al amor de las cosas invisibles.

De modo que, a riesgo de deshumanizarnos, hemos de buscar siempre el encuentro con la parte visible, sensible i audible de Dios. Es decir, con la Humanidad Santísima de Jesús. La vida de oración requiere el ejercicio de los encuentros con realidades sensibles, para que se vaya dando, poco a poco, la formación del espacio vital sagrado.

Tomemos, pues, absolutamente en serio la Encarnación. Tomemos absolutamente en serio que Jesucristo no es el Verbo antes de tomar nuestra naturaleza, sino que es el Verbo ya encarnado… hombre como yo, como cualquiera como los que Él se encontraba y como los que me encuentro yo cada día. Él, hombre concreto y singular, con facciones definidas, con rasgos propios, exclusivos, diferenciados. Jesús no ha de aparecer ante nosotros como esos rostros cubiertos que presentan los periódicos cuando se quiere ocultar la identidad del sujeto. Nosotros andamos tras la búsqueda de un Rostro nítido, específico.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

 

El video del Papa, juliol de 2020. Nuestras familias

El ritmo de vida muchas veces frenético que llevamos juega en contra de nuestra vida familiar. Y aquí tenemos un problema muy importante. Porque nadie, ni nosotros como individuos, ni la sociedad, puede prescindir de las familias. Menos en este tiempo de crisis que estamos viviendo. Como dice el Papa Francisco, “las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad”.

“La familia tiene que ser protegida.

Son muchos los peligros a los que está enfrentada: el ritmo de vida, el estrés…

A veces los padres se olvidan de jugar con sus hijos.

La Iglesia tiene que animar y estar al lado de las familias ayudándolas a descubrir caminos que le permitan superar todas las dificultades.

Recemos para que las familias en el mundo de hoy sean acompañadas con amor, respeto y consejo. Y de modo especial, sean protegidas por los Estados”.

 

El Vídeo del Papa difon cada mes les intencions de pregària del Sant Pare pels desafiaments de la humanitat i de la missió de l’Església.

Si vols veure més vídeos sobres les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

XIII Domingo tiempo ordinario / A / 2020

Leer la Palabra de Dios

Leer la Hoja  Dominical

 

 

Lectura Espiritual

La contemplación estaría integrada por los siguientes elementos:

       – 1º, una acción especial de Dios, es decir, un don, una realidad infusa.;

       –  2º, por lo mismo, una actitud del hombre receptiva, lo que podría llamarse pasividad activa;

        – 3º, su dinamismo es el amor, por encima de cualquier otra consideración, ya que se trata del encuentro de dos personas en lo más íntimo de ellas, el corazón;

        – 4º, que va ilustrando, es decir, va haciendo sabio al sujeto, al tiempo que lo va enamorando, pues no se trata de un conocimiento aséptico, sino unitivo.

Todos los hombres están llamados a la experiencia contemplativa. El germen de la vida divina depositado en el bautismo lleva, en su pleno desarrollo, a la cumbre de la oración. Es un corolario de su inserción en el misterio de Cristo: «Lo que dios desea es llevar a todas las almas a la unión». Queda, pues, incluida en el misterio de la santidad, y es enseñada por los grandes maestros del espíritu. Manifestación privilegiada de la buena salud de un organismo espiritual, tal como expresó san Paulo VI:

«Clavar en Él [Jesús] la mirada y el corazón que llamamos contemplación viene a ser el acto más alto y más pleno del espíritu, el acto que aún hoy puede y debe jerarquizar la inmensa pirámide de la actividad humana».

Es triste comprobar, sin embargo, que no son muchos los que se decidan a intentar este ápice de la experiencia oracional. No parece que haya muchos contemplativos… san Juan de la Cruz llega incluso a decir que «ni la mitad de los que se ejercitan en el camino del espíritu lleva dios a la contemplación». Pero él mismo constató que muchos de sus discípulos, en poco tiempo, se abrían al proceso, llegaban a lograrlo. Santa Teresa testimonia que en sus monasterios una gran parte tenía acceso a la contemplación. El doctor místico señala algunos de los obstáculos que impiden ese logro:

 «Muchas almas las cuales comenzando el camino de la virtud y queriéndolas nuestro Señor poner en esta noche oscura para que por ella pasen a la divina unión, ellas no pasan adelante a veces por no querer entrar o no dejarse entrar en ella… a veces por no entenderse… y faltarles guías idóneas y despiertas que las guíen hasta la cumbre… No es porque Dios quiera que haya pocos de estos espíritus levantados, que antes querría que todos fuesen perfectos, sino que hay pocos vasos que sufran tan alta y sufrida obra…»

En otro lugar anima enfáticamente a ir adelante, pues el premio no tiene comparación:

«¡Oh almas creadas para estas grandezas y para ellas llamadas! ¿Qué hacéis, en qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos, no viendo que, en tanto que buscáis grandezas i glorias, os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos!»

Ahora bien, ¿cuáles son los ámbitos privilegiados para la contemplación? La respuesta es inmediata: la santísima Humanidad de Cristo. He ahí el campo más a propósito para la contemplación. En la enseñanza del Catecismo encontramos la invitación a buscar este modo simplificado de orar a través de algo tan entrañable como el Dios hecho hombre.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

 

XII Domingo tiempo ordinario / A / 2020

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Lectura Espiritual

La contemplación busca al amado de mi alama (Cant 1,7). Esto es, a Jesús y en Él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de Él y vivir en Él. En la contemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada en el Señor (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2709).

La oración contemplativa no ha gozado de buen cartel. Se la solía asociar al quietismo o, al menos, al subjectivismo y al intimismo. Se trataba de algo así como de un escape a la praxis cristiana de la caridad, del servicio, de la acción evangelizadora. Meterse por los caminos de la mística se consideraba peligroso para la vocación y para la vida.

Pero la contemplación ̶ como vino a recordar el Catecismo de la Iglesia Católica ̶ , es la cúspide y la meta de la vida de oración, experiencia insoslayable para el proceso de identificación y transformación en Cristo por el amor.

Otras veces, la contemplación ̶ incluso en ambientes piadosos, por ejemplo, el de la dirección espiritual ̶ se relegaba por una malentendida humildad e incluso por ignorancia. Pero este es un error de los que se pagan caro, porque impide al Señor llevar adelante su acción profunda en los corazones, bloqueando la felicidad del amor. Resulta, por tanto, urgente, resaltar este camino, que muchas veces resultará algo así como una vía rápida y sencilla para acceder a la intimidad divina.

No se trata tampoco de pretenderlo vanidosamente, sino de disponernos ̶ o ayudar a otros a hacerlo ̶ generosamente, pidiéndole al Espíritu con humildad que nos meta por ahí. Cuando la mediocridad en tantas personas que tienen una orientación religiosa en su vida es norma, cuando ser autosuficiente parecería haberse convertido en la piedra de toque de la santidad, el tema de la oración contemplativa constituye una prioridad, en tanto constituye la experiencia suprema de Dios en esta tierra.

Ahora bien, ¿de qué contemplación se trata?

Lógicamente, de la contemplación cristiana, de la sobrenatural. No de la que puede darse en la contemplación filosófica o en la estética, ni la que se desprende de la simple reflexión teológica del dato revelado. Tampoco la que se identifica con fenómenos extraordinarios, sino la que se inserta en el desarrollo normal de la gracia santificante, con su cortejo de virtudes teologales y de dones del Espíritu Santo. Porque cada hombre, querámoslo o no, es un místico en potencia, ya que en el fondo de sí mismo está la presencia del Espíritu, que solicita el espacio interior en que puede darse la unión de corazones.

Se delinea ya como elemento constitutivo de la contemplación, la necesidad del encuentro personal con Jesús, tal como enseña el Catecismo, y cuya formulación aparece al inicio de este epígrafe. Sigue siendo actual la breve aunque densa definición de san Juan de la Cruz:

La contemplación es ciencia de amor, es noticia infusa amorosa de Dios, que juntamente va ilustrando y enamorando el alma.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental