Baptisme del Senyor / C / 2019

 

Paraula de Déu

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Lectura espiritual

El apóstol san Pablo coloca la oración por encima de todo: “recomiendo primero de todo que se hagan oraciones”. Al cristiano se le piden muchas buenas obras, pero la obra de la oración queda por encima de las demás, ya que sin ella, nada bueno puede cumplirse.

Sin la oración frecuente no se puede encontrar el camino que lleva al Señor, no se puede conocer la verdad, no se puede crucificar la carne con sus pasiones y sus deseos, el corazón no puede sentirse iluminado por la luz de Cristo y unirse a él en la salvación.

Y digo frecuente, porque la perfección y la corrección de nuestra oración no depende de nosotros, como también dice el apóstol san Pablo: “No sabemos qué hemos de pedir”. Solo la continuidad nos ha sido dejada como medio para conseguir la pureza de la oración, que es la madre de todo bien espiritual.

Una cosa que a menudo no se dice en los libros referentes a la oración de Jesús y que enseñan sobre todo los que la practican, es la experiencia del silencio.

Recuerdo que un día me encontré con una viejecita que rezaba el rosario desde hacía muchos años y que me hizo esta pregunta: “¿Las “Avemarías” las he de recitar con los labios? Porque me parece que, desde que me despierto por la mañana, ya siento que mi corazón reza el Ave María”.

Cuándo uno descubre así el corazón de la oración no se pueden dar consejos precisos, mira de hacer lo que puede, y comprende lo ridículos que son nuestros propios deseos y esfuerzos, y se deja llevar por la ola de la oración… y que pase lo que pase. Entonces es muy necesario el espíritu de infancia espiritual para soportar aquella inundación ya que es precisamente este espíritu el único que se deja llevar fácilmente por aquella cosa que le sobrepasa y de la cual se alegra, aunque no entienda nada.

Por eso hay que introducir el silencio en la invocación. Invocad el nombre de Jesús, y paraos un instante para que el silencio os penetre e interiorice vuestra oración.

La relación del silencio y de la palabra es la relación del Espíritu y Cristo. “Os conviene que me vaya”… “para que os envíe otra presencia espiritual que os hará interiores a mí”. El silencio es el interior de la verdadera Palabra y del Logos, es el Espíritu que desciende sobre Cristo para revelárnoslo, es la relación entre la Paloma y el Cordero.

Hay una palabra racional y lógica, es la palabra sin silencio. Hay la Palabra del Logos; ahora bien, el Logos está unido al Espíritu Santo y a que la unción del Espíritu reposa sobre Cristo.

El Espíritu es el silencio de Cristo que es en cierta manera un silencio de amor y de comunión. El Padre y el Hijo se unen en un silencio mutuo que es el abrazo del Espíritu: “Tú eres mi Hijo, el amado, en quien me complazco”.

La clave de la liturgia es la de hacernos entender el silencio, ahora parándose, ahora envolviendo con música el silencio. Igualmente la oración personal ha de voltear entorno de estos momentos de silencio: “El silencio es el lenguaje del mundo que ha de venir”. Entonces el hombre experimenta una cierta plenitud por el hecho de que la oración se infiltra en toda su vida para purificarla.

Caminar, respirar, trabajar, mirar las cosas más humildes -no digamos el rostro de nuestro hermano-, da un sentimiento de plenitud, una capacidad de estar presente en cada instante que pasa. Es la experiencia de la Resurrección en el tiempo.

Jean Lafrange: La oración del corazón

El vídeo del Papa, gener 2019. Joves en l’escola de Maria

 

Joves que es mouen, que es llancen a l’aventura de la fe, que segueixen l’exemple de Maria. Milers. Centenars de milers. Milions d’ells es reuneixen aquest mes de gener a Panamà a la Jornada Mundial de la Joventut 2019. Compartim amb ells l’alegria de l’Evangeli.

“Vostès joves tenen a la Mare de Déu un motiu d’alegria i una font d’inspiració. Aprofitin la Jornada Mundial de la Joventut a Panamà per contemplar Crist amb Maria. Cadascun en el seu idioma, resem el Rosari per la pau. I demaneu-li forces per somiar i treballar per la pau. Resem pels joves, especialment els d’Amèrica Llatina, perquè, seguint l’exemple de Maria, responguin a la crida del Senyor per comunicar l’alegria de l’Evangeli al món. ”

El Vídeo del Papa difon cada mes les intencions de pregària del Sant Pare pels desafiaments de la humanitat i de la missió de l’Església.

Si vols veure més vídeo sobre les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

Epifania del Senyor / C / 2018

Paraula de Déu

 

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Lectura espiritual

Lo que decíamos del orgullo, se puede decir, con más razón todavía, de todos los obstáculos menos graves, de todas las pasiones y de todas las traiciones que nos apartan incansablemente de la oración.

Si el retorno a la oración es también incansable, la victoria está asegurada. Los Padres de la Iglesia dicen a menudo: “Si no tienes el don del dominio de tú mismo, has de saber que el Señor quiere salvarte por la oración”.

Y nos repite que no hemos de esforzarnos por vencer las pasiones con las propias fuerzas sino que hemos de recorrer incesantemente a la oración. Y añaden que si el tiempo de la oración se alarga y tiende a invadir toda tu vida, ya no pensarás más y ya no tendrás más tiempo para obrar el mal.

Escuchemos que dice Serafín de Sarov a propósito de la oración y de las otras obras espirituales: “Es cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración más que todas, estando como está siempre a nuestra disposición. A veces, por ejemplo, tendréis ganas de acudir a la iglesia, pero la iglesia está lejos y ya se han acabado los Oficios; tendréis ganas de hacer una limosna, pero no veis ningún pobre, o no tenéis ninguna moneda; querríais permanecer virgen, pero no os alcanza la fuerza, a causa de vuestra constitución o causa de las emboscadas del enemigo contra las cuales la debilidad de vuestra carne humana no os permite resistir; quizás querríais encontrar una obra buena para hacer en nombre de Cristo, pero no tenéis suficiente fuerza o no se acaba de encontrar la ocasión. En cambio a la oración no le afecta nada de esto: cada uno de nosotros tiene siempre la posibilidad de orar, tanto el rico como el pobre, tanto el hombre notable como el campesino, el fuerte como el débil, el que está sano como el que está enfermo, el virtuoso como el pecador”.

Las bases que presentamos aquí son las más importantes. Antes de saber cómo rezar es importante saber cómo “no cansarnos nunca”, no descorazonarnos nunca.

Todos los consejos que podríamos dar y todos los que nos ofrece la Iglesia, no nos liberarán de la impresión de no saber rezar. Al contrario, esta impresión más bien aumenta a medida que la oración se vuelve más profunda, y san Pablo es el primero en reconocer que no sabemos cómo orar ni que es lo que hemos de pedir (Rm 8:26).

No se trata, pues, de mirar de salir de esta clase de impresión, cosa que sería ponerse a buscar un estado de satisfacción particularmente peligroso y próximo al fariseísmo. Se trata, por el contrario, de descubrir progresivamente lo que Dios nos pide, y con una agudeza tal que uno ya no se inquiete más por saber si reza bien o mal, llevados por el deseo que la oración lo invada todo: y no nuestra oración sino esta realidad que viene de Dios y que es la oración de Jesús en nosotros, los gemidos inefables del Espíritu.

No hemos de inquietarnos de la pureza de la oración. Hemos de ofrecerle a Dios lo que está en nuestra mano ofrecerle. Incluso si tenemos la impresión de rezar solo con los labios, esta oración frecuente de los labios, a la larga, hará seguir la oración interior del corazón y favorecerá la unión del espíritu con Dios. La oración, quizás seca y distraída pero continua, creará un hábito y se convertirá en una segunda naturaleza, transformándose en oración pura, luminosa, en admirable oración de fuego.

Jean Lafrange: La oración del corazón

Sagrada Família / C / 2018

Paraula de Déu

 

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Lectura espiritual

Ahora nos preguntamos: ¿el camino de la oración continua está vedado a aquellos que no se han sabido dar totalmente al impulso que anima una vocación a la santidad? O ¿este camino está cerrado a los pecadores o a los enfermos que experimentan su debilidad? Esto sería doblemente falso:

Primero porque el campo de nuestras intenciones profundas es inconsciente, y nadie nunca no puede saber “Si es digno de amor o de odio”. El fondo del corazón del hombre es impenetrable, dice el salmista.

Segundo porque la oración es ofrecida a los peores pecadores como un recurso universal al que todos están invitados, y es a ellos, los primeros a los que Cristo recomienda rezar sin parar y no cansarse nunca. No se puede comulgar sin una intención recta, y sin la esperanza fundada de estar en amistad con Dios, pero para rezar ni siquiera la fe es necesaria, ya que es por la oración que se nos da.

Así pues, hay que retomar lo que decíamos al principio. Es el fondo de nuestro corazón el que se ha de convertir; si no rezamos es debido a nuestro corazón de piedra o nuestro cuerpo de muerte. No podemos saber a qué profundidad se sitúa nuestro deseo de Dios, ni en qué medida queremos sinceramente darlo todo, pero siempre podemos tomar este don total y profundo como el bien esencial que pedimos en la oración. No podemos saber si lo hemos dado todo, incluso con la impresión de estar muy lejos, más aún, con la peligrosa impresión de que ya lo hemos hecho, podemos pedirlo y pedirlo sin parar… o pedir de pedirlo sin parar: pedir que la oración nos invada como una inundación.

Lo importante en esta cuestión es la perseverancia, fruto visible y casi inefable de la profundidad de nuestros deseos. Es por eso que los teólogos hacen notar que la perseverancia es una de las cualidades esenciales de la oración siempre atendida. Las otras cualidades coinciden en definitiva en pedir esta invasión de la oración perpetua.

No podemos saber qué vale el fondo de nuestro corazón, pero podemos saber claramente que significa la perseverancia para que nos esforcemos en practicarla y verifiquemos si realmente lo hacemos.

La perseverancia no consiste en ignorar los desfallecimientos ni tan solo los periodos de infidelidad, todo y que, evidentemente, tenga tendencia a hacerles resistencia. La perseverancia consiste esencialmente en reprender incansablemente el camino, pase lo que pase, después de cada tempestad o de cada periodo de cansancio. Es la paciencia de la araña que recomienza indefinidamente su tela cada vez que la ve destruida. Es una tenacidad secreta, íntima y flexible, a las antípodas de la tozudez de la rigidez o del entusiasmo. Es una virtud profundamente perseverante que no se descorazona nunca. Es, en cambio, el orgullo el que se descorazona, y solo él.

Pero, ¿qué se puede hacer si uno se siente orgulloso? Reconocer que hay dos hombres en nosotros, y liberar por la oración el hijo de Dios que es humilde. Desde que un orgulloso empieza a orar con rectitud i, sobretodo, si pide la humildad, ya ha dejado de ser orgulloso. Que persevere en este esfuerzo, y ganará infaliblemente la partida. Y que el retorno más o menos frecuente de sus excesos de orgullo no lo descorazone: esta tenacidad en la esperanza será el más poderoso y el más eficaz de sus actos de humildad.

Jean Lafrange: La oración del corazón

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