Diumenge XXIV de durant l’any / C / 2019

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Lectura Espiritual

Puede o no haber sentimiento en la oración, pero eso no es lo definitivo. Oramos con independencia de que sintamos algo o no sintamos absolutamente nada. Orar no es un ejercicio de sensibilidad, sino de fe. La fe es el medio, el único medio, capaz de hacernos entrar en contacto con Dios. Ninguna otra mediación descubre el Dios escondido.

La oración no tiene por qué asociarse a la aridez ni al consuelo, situaciones que dependen del querer divino. La oración tiene una base más firme, se basa en la fe, que es una luz que nunca se apaga. Si se va el consuelo, bien ido; si llegó la desolación, bienvenida. Pero la fe no padece vicisitudes, es compañera inseparable en medio de la oscuridad en la que nos movemos en la vida presente, como lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en sus corazones el lucero de la mañana.

La fe permite orar, y la oración viene a resultar ejercicio de la fe. Se requieren mutuamente, se potencian una a la otra; por eso hemos de ejercitarlas sin cesar.

El hombre necesita de la oración para permanecer sano espiritualmente. Sin embargo la oración solo puede brotar de una fe viva. Pero la fe -y con eso se cierra un círculo- solo puede ser viva si se ora… la oración es la expresión más elemental de la fe, el contacto personal con Dios, al que fundamentalmente está enderezada la fe. Es posible que la oración deje de fluir durante algún tiempo sin que la fe se atrofie, pero a la larga es imposible creer sin orar, así como no se puede vivir sin respirar.

Entonces, ¿no tiene importancia lo que sintamos -o no sintamos- al orar? Tendremos que decir que sí, que tiene importancia, y por eso muchas veces Dios nos da sentimientos al orar: gozos, emociones, paz, conmociones, descansos, alientos… La Escritura invita a sentir: Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Métete a orar y sentirás su bondad y su dulzura, parece sugerirnos. Pero al mismo tiempo recordamos que eso que sentimos no es Dios, porque Dios no es sensible. Él es el Espíritu puro y está más allá de cualquier percepción de nuestros apetitos sensitivos. Nos da sentimientos como prueba de su Bondad para con nosotros, buscando alentarnos en esta tarea, como el papá convence con golosinas al niño para que permanezca junto a él.

Aún más: si alguien no ha experimentado emoción alguna, ningún sentimiento de consuelo o de alegría en su oración, es que no ha orado en absoluto, sea por inconstancia, sea por superficialidad. Es bueno fomentar la sensibilidad, por ejemplo a través de celebraciones litúrgicas en las que los cantos, la solemnidad de las ceremonias, la belleza de ornamentos y vasos sagrados, eleven el espíritu. Con ellos nuestra sensibilidad se pone en movimiento, y muy provechosamente, permitiéndonos que de algún modo se hagan presentes los misterios invisibles. La sensibilidad es uno de los canales con los que Dios cuenta para comunicarse con nosotros.

Pero con sensibilidad o sin ella, lo insustituible en la oración es la fe. Sumidos como a veces estamos en completa insensibilidad espiritual y religiosa -inmersos en una verdadera apatía para todo lo interior-, siempre nos queda la fides, es decir, la fe que es al mismo tiempo confianza, fidelidad:

Perseverar en las horas de vacío espiritual tiene un valor especial que no puede ser substituido en ninguna otra oración por espontánea que ella sea. Significa, en efecto, comportarse plenamente según la fe, orar por fidelidad a la palabra de Dios y hablar en la oscuridad a Ese que oye aunque no sea percibido.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental.

Diumenge XXIII de durant l’any / C / 2019

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Lectura Espiritual

La oración es algo muy personal. Y muy misterioso. Más allá de cualquier técnica, se ora como se es. Y más allá de cualquier determinación voluntaria, la oración es un don de lo Alto.

Dios ha creado nuestra alma de manera única y singular, y la relación con Él -la oración- expresará esa forma irrepetible de su proyecto creador. Nadie que ore desde el fondo orará igual que otro, porque ese fondo es el diseño de una Sabiduría amorosa que espera recibir, de su diseño único e irrepetible, un amor también único e irrepetible.

Pero aunque cada uno ore según sea, y aunque la oración nos trascienda por ser un Don de lo alto, podemos intentar ofrecer algunos desarrollos para este difícil arte de la oración. ¿Cuáles son nuestras fuentes? Los escritos de los grandes orantes de la historia. Ellos revelan al hombre profundo, al interlocutor de Dios.

Y es que el secreto de la vida no está en la investigación académica, ni en la evolución de la tecnología -aun cuando esta investigación o esta evolución cautiven a muchos-. Tampoco en el consumismo, aunque tengamos necesidad de pan y circo. Tampoco en la acción, aunque no podamos dejar de actuar cada día y ante cada reto. La acción, la investigación, la curiositas informática expresan, en realidad, un deseo que las sobrepasa. Porque una vez cubiertas esas necesidades, surge en el corazón humano un ansia irrefrenable. Los sucedáneos no remedian en el hombre su carencia fundamental. Los grandes orantes han desarrollado una antigua verdad, ahora preterida: Los pájaros vuelan, los peces nadan, el hombre ora.

El hombre es hombre porque ora, porque es interlocutor de Dios. Ser relacional, su riqueza se mide por la calidad de sus diálogos, y su felicidad viene determinada por la profundidad de unión con Aquel de quien procede y a quien tiende.

En la lectura de este desarrollo no olvidemos lo antedicho: la oración es un Don de la gracia, y por eso no depende -al menos no determinantemente- de nuestra voluntad ni de nuestros esfuerzos. Todo, incluido el inicial intento de dirigirnos a Dios, es gratuidad pura. Pero si su benevolencia encuentra una voluntad dispuesta y un deseo sincero de secundar los impulsos divinos, no dudemos que la dotación necesaria para acoger esa Misteriosa Presencia, sea por un cauce, sea por otro, nos será donada.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental.

El vídeo del Papa, setembre 2019. La protecció dels oceans

Infografia_TPV_Agosto_2019

“Una manera d’explicar la importància de la cura dels oceans des d’un parell d’exemples senzills però impactants: una persona de cada dos viu gràcies a ells. I de cada dos respiracions que fem una es gràcies als oceans. Tinguem cura d’ells. La seva mort és la mort de tot el que és viu a la terra, incloent-nos a nosaltres.

“Els oceans contenen la major part de l’aigua del planeta i també la major varietat d’éssers vivents, molts d’ells amenaçats per diverses causes.

La Creació és un projecte de l’amor de Déu cap a tota la humanitat. La nostra solidaritat amb la “casa comuna” neix de la nostra fe.

Resem aquest mes perquè els polítics, els científics, els economistes treballin junts per la protecció dels mars i dels oceans. “

Si vols veure més vídeos sobres les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

 

Festivitat de Sant Ramon Nonat, patró de la nostra parròquia

Aquest dissabte passat, festivitat de Sant Ramon Nonat, la nostra parròquia ho va celebrar amb una missa solemne, presidida per Mn. Santi y concelebrada por Mn. Josep M. i Mn. Jordi, assistit per Mn. Robert Otawa, diaca; també va col·laborar com acòlit Ramon Cardona.

Fou en la missa major de la parròquia, la de les 12:30h, a la qual van assistir una seixantena de persones, la majoria estiuejants, i una bona representació de la nostra comunitat parroquial. Al final es va repartir entre els assistents un petit record, un punt de llibre.