Ascensió del Senyor / A / 2020

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Lectura Espiritual

Ya san Agustín expresaba esta ley de gravitación espiritual, «Tú me arrastrabas, Señor, con tu belleza». La belleza desciende de Dios hasta la naturaleza; pero puede anularse nadie la asume con su oración, glorificando al Artista creador. Pero es también susceptible de tornar a Él cuando la belleza se asume con estupor agradecido. Y entonces el círculo se cierra.

Dios, así como se sirve de su Belleza para dar a conocer a los hombres sus perfecciones, se sirve también del encanto de la belleza para lograr que los hombres vuelvan a Él cuando lo han perdido. San Isidoro de Sevilla veía un retorno del hombre a Dios en lo mismo que lo alejó: «Dios nos hace entrever su belleza, que no puede quedar reducida a la belleza de las criaturas, limitada y finita, para que el hombre retorne a Dios por los mismos caminos por los cuales se alejó del esplendor del Creador para que vuelva de nuevo a la belleza de Dios por medio de la armonía de la creación». El escepticismo de tantos estetas podría resolverse animándoles a intentar la conexión. Tomas Merton alababa a Dios por el hermoso color rojo del cabello de una joven amiga suya. Cervantes, en La Galatea, lo dijo en apretado verso: Un bello rostro y figura, / aunque caduca y mortal, / es un traslado y señal / de la divina hermosura.

Detengámonos, por ejemplo, a admirar el ala de una mariposa, en su construcción esmerada. No hay entre los hombres artista capaz de alcanzar tal perfección. La diferencia estriba justamente en que la obra humana es hermosa si la miramos de lejos, de manera superficial. Pero al colocar bajo una lupa el más logrado cuadro de Rafael o la estatua más célebre de Donatello, ¿con qué nos encontramos? En el cuadro, con un mazacote de óleos; en la estatua, con unos surcos toscos. Al colocar, sin embargo, bajo la lupa el ala de la mariposa, seguimos viendo una gran perfección de formas y colores. Y resultaría lo mismo si lo hiciéramos con el trocito de una hoja, con el hilo de una telaraña o con una gota de agua. Quedaríamos sobrecogidos al admirar las bellezas de orden y finalidad que descubrimos. Diderot, el agnóstico, reconoció al fin que «el ojo y el ala de la mariposa bastan para derribar a un incrédulo».

Es claro que Dios nos da una muestra de su belleza a través del universo que ha creado. A nosotros nos toca recibirla, vibrar con ella. El hecho de que Dios transmita placer mediante la belleza es uno de los motivos principales por los que hizo el Universo tal como lo conocemos. Quiso manifestar la belleza viva, cuya forma fluctúa constantemente con nuevos encantos. Porque no es una belleza estática, como la que advertimos en una escultura o en una pintura. El universo crea belleza al cambiar. Los cielos estrellados fueron las primeras insinuaciones de la belleza que impregnó el pensamiento de los hombres y de las mujeres primitivos desde el principio… durante esas larga noches de la antigüedad contemplaban maravillados los movimientos de las estrellas. Debió ser entonces cuando comprendieron el significado de la belleza: una insinuación de Dios. A través de las estrellas supieron que Dios estaba ahí y que era más poderoso que los astros porque Él los creó, los ubicó y los puso en movimiento. Por eso, la belleza condujo al hombre hacia Dios, como más tarde razonó Tomás de Aquino.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

Càritas de Salou llança un SOS per pal·liar els efectes del coronavirus

Aquest és l’article publicat a Diari de Tarragona ahir. El podeu llegir clicant damunt de la imatge.

Agraïm i felicitem els voluntaris de Càritas Interparroquial de Salou per no solament el treball que estan fent, sinó també per l’esforç que en que el fan per donar resposta a l’augment de demanda d’ajuts i amb les condicions delicades i de risc que ho estan fent. Endavant!

Diumenge VI de PASQUA / A / 2020

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Lectura Espiritual

No se trata, como es lógico, de sacralizar la creación, en una suerte de ecologismo panteísta. Dios hizo la creación visible para nosotros, buscando conquistarnos con ella. No la hizo como fin en sí misma, sino para que a través de ella llegáramos a Él. Su poder y su sabiduría se despliegan mucho más en la salvación de un solo hombre que en todo lo que ha realizado en el orden natural. El orden natural está en servicio del sobrenatural. Por eso la invitación es a valernos de este primer medio de ir a Dios sabiendo descubrir que todo lo creado nos lo revela.

Haciéndolo, tendremos una suerte de ejercitación para advertirlo en otros modos de presencia: la eucarística, la de inhabitación, la de su Palabra en la Escritura, la presencia divina ante lo incomprensible y doloroso, e incluso su intensa presencia ante la muerte. Ahora bien, ¿cómo descubrir a Dios en la naturaleza?

Hay dos tipos de mirada: la contemplativa y la dominante. Un ejemplo puede ilustrar lo anterior. Dos amigos pasean por una avenida bordeada a ambos lados por cedros majestuosos. Uno dice: ¡Cómo me agradaría charlar con esos árboles! Y el otro: Con cada uno de esos cedros yo podría hacer un dormitorio. Al primer enfoque, el contemplativo, se le podría llamar sacramental: arranca de un primer plano visible para acceder a lo invisible. El segundo es un enfoque pragmático: no despega de la tierra.

¡Qué maravilla sería escuchar el misterio de los cedros! El misterio de su fortaleza, los prodigios vivificadores de su savia haciéndolos elevarse enhiestos; el trazado admirable de sus ramas y sus hojas, ideados por Aquel que los diseñó. El segundo enfoque, el dominante ̶ los cedros son para mí, para mi uso y disfrute ̶ no se eleva, ha perdido la oportunidad de un ejercicio contemplativo que le facilitaría luego la oración en los otros ámbitos de Presencia divina.

Hasta cierto punto, no se puede ser cristiano si no se llega a la percepción contemplativa. En efecto, ¿cómo reconocer la Palabra de Dios en esa parte de la literatura antigua que es la Biblia, si no se es capaz de transitar de lo visible a lo invisible? ¿Cómo creer en la resurrección si, a pesar de la caducidad humana de la muerte, no la podemos intuir en las semillas? ¿Cómo creer en la Eucaristía si no vemos más allá del Pan y del Vino, y cómo entender la maternidad de María si no somos capaces de superar las leyes de la fecundidad biológica? A fin de cuentas, resurrección, eucaristía y nacimiento virginal de Jesús son del mismo orden, el sobrenatural, y solo los ojos ejercitados en ese orden los pueden descubrir. Porque antes se han habituado a desvelar, aunque sea mínimamente, lo que esconden lo que esconden los misterios naturales.

Sin duda hace falta una especial sensibilidad de espíritu, una liberación de esos gustos más burdos, intensos o desquiciantes. Hace falta una mirada contemplativa, lo que quiere decir una mirada pacificada, atenta, sosegada. A veces será preciso pasarse largos ratos contemplando el ir y venir de las olas del mar, o los últimos fulgores de un atardecer. Extasiarse ante el ala de una mariposa o el vuelo de un colibrí, relacionando todo con alguno o algunos de los atributos divinos, o con determinada frase de Jesús, o con algún detalle revelador de su Amor. Todo cuanto cae bajo nuestra mirada es imagen de alguna verdad teologal que se nos propone. Para aquel que se acostumbra a contemplar lo que ve, la naturaleza se convierte en un libro espiritual que puede leer vaya a donde vaya, un libro siempre abierto.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

Diumenge V de PASQUA / A / 2020

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Lectura Espiritual

La primera palabra que pronuncia Dios es su palabra creadora. Él ha dejado su naturaleza vestida de su hermosura, y también de su sabiduría y de su poder. Ejercitémonos en acoger este modo de Presencia divina, aprendiendo a orar con la realidad creada. Lo invisible de Dios, su eterno poder, nos ha sido manifestado por las cosas visibles.

La racionalidad del mundo sería inexplicable sin un Sujeto eterno; «todas las cosas tenderían a la nada, en virtud de su esencia, si no estuvieran gobernadas por Dios». El orante ha de interconectar con las creaturas «preguntándoles por su Amado»: ¡Oh bosques y espesuras / plantadas por la mano del Amado! / ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado/, / decid si por vosotros ha pasado!

San Juan de la Cruz solía llevar a sus discípulos al campo, para que oraran ahí. Modo inicial, si se quiere, este de «caminar por la consideración y conocimiento de la criaturas al conocimiento de su Amado, Criador de ellas. Porque, después del ejercicio del conocimiento propio, esta consideración de las criaturas es la primera por orden en este camino espiritual para ir conociendo a Dios, considerando su grandeza y excelencia por ellas». Dios lleva al hombre al modo del hombre, y el conocimiento empieza por el sentido.

Esto es particularmente urgente en la época actual, en la que el hombre vive inmerso en una jungla de asfalto y esclavizado por los fantasmas virtuales que él mismo se ha creado. Los que no saben nada de Dios, y son gran número, podrían presentirlo, sin embargo, en la naturaleza, si la miraran con ojos libres de ataduras utilitarias, en su gratitud insólita.

El verdadero milagro, decía Wittgenstein, es que las cosas sean. El cosmos ̶ palabra que para los antiguos griegos significa a la vez orden y ornato ̶ da testimonio de una Inteligencia activa, de la que nuestra inteligencia advierte esas obras como antítesis del caos, que significa desorden.

De no orar con su entorno, el hombre no solo desconocería a Dios, sino que incluso no se entendería a sí mismo. ¿Cómo se explicaría, si no, su innegable grandeza y perfección?

Hace falta, pues, ejercitar la capacidad de asignar a cada realidad una flecha que señale la dirección hacia la Verdad divina, o hacia su Bondad, o hacia su Hermosura, o todo reunido. San Francisco de Asís, dirigiéndose a un pequeño árbol, le decía: «Hermano almendro, háblame de Dios».

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental