Sep 22

Diumenge XXV durant l’any / A / 2017

La Paraula de Déu

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Lectura espiritual

Y vosotros, ¿quién decís que soy? (Lc 9,20)

Pedro responde: tú eres el Mesías, el que hace viva la vida. Y Jesús “les ordenó que no se lo dijeran a nadie”. ¿Por qué? Porque todavía no habían oído, visto ni tocado lo decisivo.

¿Queréis saber algo de mí y al mismo tiempo de vosotros? Os daré una cita: un hombre crucificado. Uno que es puesto en lo alto. Antes aún, el jueves, la cita de Cristo será otra: uno que se abaja, se ciñe una toalla y se inclina para lavar los pies a sus discípulos.

¿Quién es Dios? El que me lava los pies, arrodillado ante mí, con sus manos en mis pies. También nosotros, como Pedro, podríamos decir: pero un mesías no puede actuar así, tú estás completamente loco.

Y él responde: soy como el esclavo que te espera y cuando vuelves te lava los pies. Tiene razón san Pablo: el cristianismo es escándalo y locura (cf 1Co 1,23).

Ahora comprendemos quién es Jesús: es beso para quien lo traiciona. No destroza a nadie, se destroza a sí mismo. No derrama la sangre de nadie, derrama su propia sangre. No sacrifica a nadie, se sacrifica a sí mismo.

¿Dónde está la salvación? Cuando yo lo traiciono y el me mira y me ama. Y me convierte de nuevo. De su herida abierta no salen rabia ni rencor; es abertura de la que salen sangre y agua (Jn 19,34). Sangre que es amor y agua que es inocencia. Y después, la cita de Pascua. Cuando nos atrapa a todos dentro de su resurgir, llevándonos a lo alto. Fuerza que no descansará hasta que alcance el último vástago de la creación.

“No digáis nada”. Una orden severa que llega hasta nosotros, que llega hasta nosotros, que alcanza a toda la Iglesia, porque a veces hemos predicado un rostro deformado de Dios y habría sido mejor que nos calláramos.

En la Iglesia han hablado muchas veces los que no han encontrado. ¿Cómo puedo yo acompañar a otros hacia Dios si no lo he encontrado?

Jesús pronuncia el nombre de cada uno, y las personas nos piden que les comuniquemos nuestra experiencia de Dios, nuestro sabor de Dios, nuestra sal, la experiencia diversa de la misma fe.

Entonces yo también doy mi respuesta, hago mi profesión de fe, repito las mejores expresiones que sé: tú eres lo más bello que me ha sucedido en la vida. Has venido y has hecho brillar mi vida (cf 2Tm 1,10).

“Eres para mí lo que la primavera a las flores, lo que el viento para el cometa”. “Eres mi cohermano, maestro y amigo; Cristo, mi dulce ruina, es imposible amarte impunemente” Mi dulce ruina, que arruinas mi vida mediocre, mi vuelo a ras de tierra, la falsa paz, la fe barata.

Es imposible amarte impunemente, sin pagar el precio en moneda de vida, de libertad, de justicia y de transformación. Es imposible amarte y no intentar asemejarme a ti al menos un poquito, cambiarme, transformado en ti como semilla en la floración.

“Yo no soy aún ni nunca Cristo, yo soy esta infinita posibilidad”. Soy la posibilidad infinita de ser como él. Cada uno un Cristo incipiente, un Cristo inicial e inacabado, apenas encarrilado por una fuerza ascensional que es infinita paciencia de volver a empezar.

Ermes Ronchi, Las preguntas escuetas del evangelio

 

Sep 16

Diumenge XXIV durant l’any / A / 2017

La Paraula de Déu

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Lectura espiritual

Y vosotros, ¿quién decís que soy? (Lc 9,20)

“Jesús estaba orando en un lugar retirado”. Silencio, soledad, oración: es un momento cargado de la más grande intimidad para este pequeño grupo de hombres. Intimidad entre ellos y entre ellos y Dios.

Es una de esas zonas especiales donde el amor se hace casi tangible, lo sientes encima, debajo y alrededor de ti, como un manto luminoso en el que te sientes dócil fibra del universo.

En esta hora importante, Jesús hace una pregunta decisiva, algo de lo que después dependerá todo: fe, opciones, vida: “Pero vosotros, ¿quién decís que soy?”

En la vida, más que las respuestas, importan las preguntas. No interrogar sino dejarse interrogar. Vivir preguntas que hacen vivir la fe. No seguir cuestionando al Señor, sino dejarse cuestionar por él.

Es el corazón palpitante de la fe: ¿quién soy yo para ti? Jesús no busca palabras, busca personas; no busca definiciones, sino implicaciones: ¿qué te ha pasado cuando me has encontrado?

El maestro del corazón no da lecciones ni sugiere respuestas, te conduce con delicadeza a buscar dentro de ti. Yo oigo respuestas: encontrarte ha sido lo mejor que me ha sucedido en la vida. Tú has sido lo más bello y fuerte que podía esperar.

Muchas personas que conozco, que se profesan no creyentes y que sin embargo tienen un desmedido e inconfesable deseo de creer, temen acercarse a la Iglesia y a los sacerdotes por miedo “de ser adoctrinados”. Y temen perder algo de su libertad, incluso de la libertad de pensamiento; recibir respuestas preparadas con antelación, de cuestionario, y quizá tengan razón. Jesús, maestro de humanidad, no adoctrina a nadie, estimula respuestas. Y haciéndolo así, estimula nacimientos.

¿Quién soy yo para ti? Se parece a las preguntas que se hacen los enamorados: ¿qué lugar ocupo en tu vida?, ¿cuánto te importo?, ¿quién soy para ti? Y el otro responde: tú eres mi vida, eres mi mujer, mi hombre, mi amor.

Jesús no tiene necesidad de la opinión de sus apóstoles para saber si es mejor que los profetas anteriores, sino para cerciorarse que Pedro y los otros son de los enamorados que han abierto el corazón. Cristo está vivo solo si está vivo dentro de nosotros. Nuestro corazón puede ser la cuna o la tumba de Dios.

Pedro responde con la vehemencia y la decisión acostumbradas: “Tú eres el mesías de Dios”, su brazo, su proyecto, su boca, su corazón. Tú nos traes a Dios, en tus manos está Dios acariciando el mundo.

Una palabra discurre bajo todas las palabras del Libro, como una corriente subterránea o una nervadura de las páginas: la palabra “vida”. ¿Qué tienes que ver conmigo, Hijo del hombre? La respuesta es incluso desconcertante, excesiva: yo hago vivir.

Pedro lo ha saboreado y lo ha confesado: “Tú solo tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Palabras que hacen viva por fin la vida.

Que son vida para la mente, porque la mente vive de verdades o de lo contrario enferma. Vida del corazón, que vive de amor, de lo contrario muere. Vida del espíritu, que vive de libertad, de lo contrario se apaga.

La fe de Pedro atestigua: no solo estás vivo, Jesús, sino que eres el Viviente, eres la acción misma del vivir, no una porción de vida; eres el verbo cargado de poder que obra, no un adjetivo que describe; estás en la vida como dador de vida.

Ermes Ronchi, Las preguntas escuetas del evangelio

 

Sep 08

Diumenge XXIII durant l’any / A / 2017

La Paraula de Déu

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Lectura espiritual

¿Con qué se salará? (Mt 5,13)

Vuestro mal es que no sabéis lo bellos que sois” (Fëdor Dostoievski). Que Dios es luz lo hemos oído y creemos en ello; pero oír y creer que también la persona humana es luz, que yo y tú también lo somos, con todos nuestros límites y nuestras sombras, es maravilloso.

Isaías sugiere un primer camino para que la lámpara ilumine la casa y la sal no pierda el sabor. Reparte tu pan, acoge en tu casa el extranjero, viste al desnudo, no apartes tus ojos de tu gente (Is 58,7-8).

Ilumina a otros y te iluminarás, cura a otros y te curarás. No te inclines sobre tus historias o sobre tus derrotas y tus victorias; ocúpate más bien de la tierra y de la ciudad.

Si apartas los ojos de los demás, no serás nunca un hombre y una mujer, un sacerdote, un obispo brillante. El que se mira solo a sí mismo no ilumina nunca.

Nadie es demasiado pequeño o demasiado grande para poderse eximir del empeño de transmitir el sabor y el esplendor de Dios. La mayoría de las veces, si somos personas logradas, lo hacemos incluso sin saberlo.

Es posible no experimentar nada de Dios y sin embargo difundirlo entre los otros sin darse cuenta. Dios actúa así. Puede que zozobremos en la duda, en la noche, y ser luz para alguien, con una palabra o un gesto que no sé de dónde vienen. Dios actúa así.

Ser luz o vela en el candelero no significa para nosotros hacernos ver, sino hacer ver.

El segundo camino para que no se pierdan ni la luz ni la sal nos lo indica san Pablo: “Nunca entre vosotros me precié de saber otra cosa que a Jesucristo, y a Jesucristo crucificado” (1Cor 2,2). Núcleo incandescente de nuestra fe: saber a Cristo. “Saber” es mucho más que “conocer”: es tener el sabor de Cristo. Y sucede cuando Cristo, como sal, está disuelto dentro de mí; cuando como pan, penetra en todas las fibras de mi vida y se convierte en mis palabras, mis gestos y mi corazón.

“Yo quiero saber a Cristo crucificado”. Una persona no puede mirar al sol sin que su rostro se ilumine. Sí, hay rostros habitados por Dios, porque no nos exponemos día tras día a la mirada de la infinita ternura sin recibir de él alguna insólita belleza.

Son rostros que irradian luz sin saberlo: basta verlos. Es la elocuencia de los gestos, de la acogida, de las sonrisas, incluso la elocuencia de las lágrimas. Los miro y comprendo que Dios existe, que Dios es luz, y tu corazón te dirá que estás hecho para la luz.

Y por último el tercer camino de la luz. Dice Jesús: “Vosotros sois la luz”, no yo o tú, sino nosotros. Cuando un yo y un tú se encuentran, generando un nosotros, entonces nos volvemos luz en las fraternidades cálidas de nuestras asambleas y en la acogida del migrante desconocido.

Una parábola dice que cada persona viene al mundo con una pequeña llama en la frente, que solo se ve con el corazón. Cuando dos estrellas se funden y reavivan -cada una da y toma energía de la otra- como dos troncos de madera colocados en la chimenea. El encuentro engendra luz.

Nuestra luz vive de comunión, de encuentros, de compartición. No nos preocupemos de cuántos logramos iluminar. No importa ser visibles o relevantes, ser admirados o ignorados, sino ser guardianes de la luz, vivir encendidos.

Ermes Ronchi, Las preguntas escuetas del evangelio

 

 

Sep 07

Parròquies al servei de la missió. El vídeo del Papa, setembre de 2017

 

“Les parròquies han d’estar en contacte amb les llars, amb la vida de la gent, amb la vida del poble”.

La portes de les nostres parròquies sempre estan obertes. Demanem perquè segueixin així al servei dels altres i de la transmissió de la fe.

Han de ser cases on la porta estigui sempre oberta per sortir cap als altres. I és important que la sortida segueixi una clara proposta de fe. Es tracta d’obrir les portes i deixar que Jesús surti fora amb tota l’alegria del seu missatge.

Demanem per les nostres parròquies, perquè no siguin oficines funcionals sinó que animades per un esperit missioner, siguin llocs de transmissió de la fe i testimoni de la caritat.

.Si vols veure més vídeos sobre les intencions del Papa els trobaràs a http://www.elvideodelpapa.org

 

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